16 de agosto de 2012

Banda Florida y Cuesta de Miranda

 A Natalia y el Loro los conocimos hace 5 años en Guandacol en una Asamblea organizada por los vecinos en la biblioteca. Pasamos poquitos días juntos pero a nosotros nos quedó la idea de que si volvíamos a pasar por ahí, ellos eran gente para visitar y seguir charlando. Después de todo este tiempo, llegamos a su casa con Tahiel y ellos nos esperaban con Famatina y con Salvador en camino. Viven en un lugar hermoso, rodeado de cerros colorados con la tierra fértil para sembrar y criar animales. De hecho, la casita rodante la dejamos enfrente del gallinero así que tuvimos despertador natural las dos noches que nos quedamos ahí.
Tahi y Famatina se hicieron amigos en el poco tiempo que pudimos compartir.  Nos despedimos y nos pasaron las indicaciones para conocer algunos lugares por ahí cerca. Ellos ahora viven en Banda Florida, un pueblito chiquito cerca de Villa Unión.
Luego de recorrer los alrededores partimos hacia la cuesta de Miranda. Teníamos mucha ansiedad ya que nos habían dicho que había que ir con mucho cuidado. En Jáchal, Javi ya había recibido algunas clases de cómo manejar en cuestas. Al principio fuimos bárbaro, el camino está ensanchado y poder ir disfrutando del paisaje que la verdad que es único. Hasta que en un momento el tema se puso un poco difícil. La noche anterior había llovido un poco y arriba había caído agua nieve.  Ya casi en la última subida, el camino se puso pantanoso. En un momento, las ruedas del auto parecía que patinaban y atrás venía la casita siguiéndonos como podía. “Vamos, vamos, sigamos, sigamos”, me salió decir pa alentar a Javi que estaba un poco nervioso y pasamos. Llegamos a un lugar amplio, sin precipicio y ahí estacionamos un rato para calmar los nervios. Las patitas nos temblaban y con la excusa de que Tahi toque la poca nieve que había alrededor, nos quedamos un rato ahí. Pensábamos que ya había pasado lo peor, pero se venía la bajada. Y la adrenalina volvió al camino. En esta parte el camino estaba muy angosto, por suerte íbamos del lado de la montaña pero igualmente, los nervios se apoderan de todo el cuerpo y uno se pone pendiente del camino y casi ni disfrutar del paisaje que podíamos. Pero bueno, finalmente la pasamos exitosamente, Javi se recibió de conductor en cuestas pero seguramente que la vuelta a San Juan será por otro camino!!!



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