8 de septiembre de 2012

Entre Belén, Londres y la Ciudad Sagrada!


Las ciudades en Catamarca no están conectadas de la mejor manera posible. Pareciera que quieren separar a los pueblos.  Siempre hay que hacer el camino más largo, por lo menos nosotros llevando la casa rodante optamos por tratar de ir por asfalto lo más que podamos. No le tememos al ripio, de hecho ya la casita conoce el traqueteo de los serruchitos pero para llegar a Londres hay que hacer 70 km de más si uno quiere llegar con auto y casa sanos.  Y desde Belén para Andalgalá en vez de hacer 90 km, hay que dar una vuelta de 300.
 



Así que pasamos por Londres y postergamos visitarla para cuando peguemos la vuelta y seguimos para Belén. Allí paramos en la casa de Sonia y el Chuña quienes muy amablemente nos dejaron poner la casita en su terreno. Ellos también desde su lugar le están poniendo el cuerpo a esta lucha en contra de las empresas mineras, principalmente La Alumbrera y la futura Agua Rica, ambas en el departamento de Andalgalá.



En Belén nos quedamos dos noches. Durante el día fuimos a recorrer  unos pueblitos en el cerro con unas vistas espectaculares. Pozo de Piedra y Condorhuasi. Un paseo que nos recomendaron los dueños de casa y que disfrutamos mucho. Después de dar toda la vuelta por el cerro llegamos a la ruta y enfilamos para Hualfín que estaba a unos 50 km. En búsqueda de las imágenes de Preloran emprendimos el viaje.
Al otro día nos despedimos de los chicos y nos fuimos para Londres. Un pueblo pintoresco con naranjos enmarcando sus calles. Paramos en el camping municipal El Molino, cercano a la Ciudad Sagrada El Shincal. El camping no estaba en pleno funcionamiento pero tenía luz y mucha agua que corría por sus canales internos así que para nosotros estaba bárbaro.
El Shincal es el sitio obligado para visitar en Londres. Otro de los tantos lugares que la sociedad occidental llama “ruinas” y que los pueblos originarios luchan por reivindicar como lugar sagrado, donde se conservan las enseñanzas y energías de los ancestros diaguitas.

Caminamos por casi toda la ciudad y subimos varias escalinatas en las que dejamos parte de nuestro aliento pero valieron la pena ya que las vistas desde arriba eran muy bellas.

Tahi subió como si lo hubiera hecho toda su vida y por supuesto que más rápido que nosotros. Nos quedamos un rato largo disfrutando del paisaje y de paso, dejando que nuestra respiración se normalice y bajamos. Nos subimos al auto en búsqueda del río del que varios nos habían hablado y lo encontramos bañando varias piedras y piedritas. Una de ellas resultó tener la forma deseada para que una familia de 3 se siente a comer unos sanguchitos de queso mientras sus pies tocan el agua, helada por cierto.


En Londres comimos nuestro primer asadito en este viaje, que al no conseguir en ninguna carnicería carne digna de ser asada, optamos por un rico pollo a la parrilla.



En la ciudad del gigante dormido



Llegamos a Tinogasta para alcanzar los últimos momentos del festejo por el cumpleaños de la ciudad. Obviamente que se celebra y se recuerda el día que un español le puso nombre a la ciudad y decidió que toda la gente originaria que vivía ahí se fuera quién sabe adónde o lo que es peor que pasen a ser sus esclavos. Eso es lo que festejamos los argentinos en cada punto del país cuando recordamos la fundación de una ciudad.

Pero así conviviendo con estas contradicciones comimos unas empanadas caseras en la plaza y Tahi jugó en los inflables mientras Javi sufría en una estación de servicio mirando el partido de Atlanta.  En esta ciudad nuestro hogar fue el predio de la estación del Automóvil Club Argentino, justo enfrente a la plaza, donde debajo de unos árboles pudimos quedarnos con la casita.

Aquí conocimos a Susana y Roberto de la Asamblea en contra de la mega minería. La primera noche Roberto se acercó hasta la estación de servicio y nos quedamos charlando largo rato. Ahí nos  contó cómo comenzó la lucha en Tinogasta para parar una mina de uranio a 7 km en línea recta de la plaza departamental. No se podía creer que tan cerca quisieran poner una minera. Y la gente reaccionó, se movilizó y la paró. Por ahora, como dicen ellos, ya que saben que hay que estar alerta porque los proyectos mineros nunca se cancelan del todo.

Al otro día los dos nos llevaron a conocer Las Higueritas, el lugar donde está el uranio tan necesario para esta sociedad de consumo que supimos conseguir. El paisaje es simplemente hermoso. El rojo fuerte de los cerros y el amarillo que contiene este mineral me hacen recordar aquellos dibujos infantiles de las montañas en el que sólo utilizábamos el color marrón. Seguro que los niños de acá usan más colores cuando las tienen que dibujar. Caminamos al borde del río y entre los cerros, Roberto nos mostró algunos lugares donde han estado inspeccionando. La charla siguió con el mate más abajo en unas mesitas que han armado los vecinos. Hablamos de la necesidad de plantearnos como humanidad hasta cuándo vamos a seguir con este consumo desmedido, en el que no importa nada sólo sacar los minerales de los cerros. Los pueblos están reclamando elegir otro camino.

Nos despedimos de Susana y Roberto con fuertes abrazos, con la idea de filmar algo en algún momento que retrate la lucha de Tinogasta. Roberto nos regaló un dulce de cáscaras de naranja riquísimo que acompaño nuestros desayunos por algunos días.