8 de septiembre de 2012

En la ciudad del gigante dormido



Llegamos a Tinogasta para alcanzar los últimos momentos del festejo por el cumpleaños de la ciudad. Obviamente que se celebra y se recuerda el día que un español le puso nombre a la ciudad y decidió que toda la gente originaria que vivía ahí se fuera quién sabe adónde o lo que es peor que pasen a ser sus esclavos. Eso es lo que festejamos los argentinos en cada punto del país cuando recordamos la fundación de una ciudad.

Pero así conviviendo con estas contradicciones comimos unas empanadas caseras en la plaza y Tahi jugó en los inflables mientras Javi sufría en una estación de servicio mirando el partido de Atlanta.  En esta ciudad nuestro hogar fue el predio de la estación del Automóvil Club Argentino, justo enfrente a la plaza, donde debajo de unos árboles pudimos quedarnos con la casita.

Aquí conocimos a Susana y Roberto de la Asamblea en contra de la mega minería. La primera noche Roberto se acercó hasta la estación de servicio y nos quedamos charlando largo rato. Ahí nos  contó cómo comenzó la lucha en Tinogasta para parar una mina de uranio a 7 km en línea recta de la plaza departamental. No se podía creer que tan cerca quisieran poner una minera. Y la gente reaccionó, se movilizó y la paró. Por ahora, como dicen ellos, ya que saben que hay que estar alerta porque los proyectos mineros nunca se cancelan del todo.

Al otro día los dos nos llevaron a conocer Las Higueritas, el lugar donde está el uranio tan necesario para esta sociedad de consumo que supimos conseguir. El paisaje es simplemente hermoso. El rojo fuerte de los cerros y el amarillo que contiene este mineral me hacen recordar aquellos dibujos infantiles de las montañas en el que sólo utilizábamos el color marrón. Seguro que los niños de acá usan más colores cuando las tienen que dibujar. Caminamos al borde del río y entre los cerros, Roberto nos mostró algunos lugares donde han estado inspeccionando. La charla siguió con el mate más abajo en unas mesitas que han armado los vecinos. Hablamos de la necesidad de plantearnos como humanidad hasta cuándo vamos a seguir con este consumo desmedido, en el que no importa nada sólo sacar los minerales de los cerros. Los pueblos están reclamando elegir otro camino.

Nos despedimos de Susana y Roberto con fuertes abrazos, con la idea de filmar algo en algún momento que retrate la lucha de Tinogasta. Roberto nos regaló un dulce de cáscaras de naranja riquísimo que acompaño nuestros desayunos por algunos días.

2 comentarios:

  1. que lindo escribis... muy lindo!

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  2. Gracias por difundir en "De tierras y de Utopías nuestro paisaje y la lucha por defenderlo.
    Fue hermoso conocerlos, Ojalá podamos encontrarnos nuevamente. Hermoso trabajo. Suerte y besos. Saludos de Roberto.

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