26 de julio de 2017

Crónicas de nuestro viaje al Valle Sagrado II (Llegada a Aguas Calientes)

Caminar 12 km al costado de unas vías para llegar a Aguas Calientes y al otro día ir a Machu Picchu. ¿Qué? ¿Con los chicos? ¡Ni locos!

Pero una vez más aprendimos que aquello que nos parece imposible, se puede hacer realidad. Ese era nuestro primer pensamiento con respecto a llegar a Machu Picchu pero con el paso de los días nos empezó a entusiasmar hacer la caminata en familia, sobre todo cuando vimos los precios del tren que te lleva a Aguas Calientes, el pueblo más cercano a la Ciudad Sagrada.
¡Lo que nunca nos imaginamos es que iba a ser tan larga!

Estábamos parando en la casa de la directora de la Escuela Tikapata, donde dimos unos talleres y ellos nos prestaron una mochila y un aguayo (esas telas coloridas que usan las mujeres por aquí) para poder llevar a Inti cargada porque sabíamos que no iba a querer caminar todo el tiempo. 

Nos levantamos bien temprano y tipo 5.30 salimos con el auto hacia el primer destino que era Santa Teresa. Debíamos dejar el auto ahí, tomar un taxi hasta la Hidroeléctrica y desde allí empezar la caminata.
Son uno 180 km pero ya sabíamos que nos iba a llevar unas 6 horas aprox.
El camino es hermoso, verde y cada vez más verde. Con curvas y cada vez más curvas. Cada tanto algunas casitas, algunos puestos ofreciendo frutas y comidas al paso. Nosotros nos habíamos preparado patas y alitas de pollo, así que las fuimos comiendo en el camino para no parar a comprar.
Los últimos kilómetros hasta llegar a Santa Teresa se hicieron largos, son de ripio, con precipicio, por momentos algunos pozos, pero el paisaje sigue siendo increíble.
Llegamos. Paramos el auto como para descansar unos minutos y ver donde lo podíamos dejar y enseguida apareció un taxista que nos podía guiar al lugar indicado y nos llevaba a la Hidroeléctrica. Ni tiempo de estirar un poco las piernas tuvimos. Dejamos el auto en un camping. Agarramos la mochila con pocas cosas que finalmente resultaron muchas y subimos al taxi.
Estábamos ansiosos. ¿Cómo será? ¿Aguantaremos?
Javi cargaba la mochila bastante pesada porque llevábamos los equipos para poder filmar. Yo me calcé a Inti en la espalda y empezamos.
Al principio nos equivocamos de camino y subimos entre piedras y piedrecitas. (A la vuelta confirmamos que no habíamos visto el cartel que decía a Aguas Calientes).
Nos costó, pero llegamos a las vías. Comenzamos con mucho entusiasmo.  Los chicos cada uno con un palo y … a caminar!
Pronto Inti no quiso caminar y arriba a la espalda de nuevo. A lo largo de la caminata la pasé de la espalda a adelante, de adelante hacia atrás. De atrás hacia el costado y así fuimos alternando, la forma más cómoda resultó ser adelante.
La caminata se realiza al lado de las vías del tren, aunque por momentos hay que caminar por los mismos durmientes y estar atentos a moverse cuando pase el tren.
Hay partes que hay que cruzar por los durmientes, para mi gusto bastante separados entre sí y el río con su fuerza ancestral corriendo por abajo. Seguramente no era muy difícil, pero en esos momentos me trababa y no podía avanzar, ¡por suerte Tahiel me agarraba de la mano y me ayudaba a cruzar! Jaja
La lluvia también nos acompañó en varios tramos del recorrido.
La caminata que el común de la gente le pone 2 o 3 horas, nosotros la hicimos en 5 horas. Cinco horas en las que pasamos por todas las emociones. Desde el entusiasmo de la salida, al cansancio, bronca e irritación de ir sólo por la mitad cuando ya pensas que no das más, hasta la enorme de alegría de llegar todos juntos renovados. Cansados, mojados pero unidos.
Aunque faltaba, cuando vi las luces del pueblo no pude dejar de llorar, ¡lo estábamos logrando!
Creo que por todas estas etapas que pasamos es que recomiendo a las familias hacer el esfuerzo de ir caminando. Nuestros hijos se la bancaron súper. Tahiel en muy pocos momentos se quejó, la mayor parte del tiempo fue el que nos alentaba. ¡Vamos mami! ¡Vamos que falta poco! Inti fue la que caminó menos, pero lo hizo en los momentos en los que ya no daba más.
Vimos las luces porque se había hecho de noche, pero todavía faltaba para llegar a la estación. La lluvia le ponía más emoción al hecho de estar llegando a destino. Y las lágrimas seguían imitando a la lluvia.
Javi y Tahi iban más adelante, Inti y yo, más lento, les cuidábamos las espaldas. Ya en el andén nos esperaron para darnos el abrazo de bienvenida al tan esperado pueblo de Aguas Calientes.
Encontramos un hostal acorde a nuestro presupuesto enseguida. Nos bañamos y nos tiramos en la cama a mirar tele.
Agotados pero felices nos dormimos para al otro día subir a Machu Picchu.


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3 comentarios:

  1. Hermoso viaje!!!!!!!!!!! Original y casi imposible..pero la pasión es el motor de las cosas y de la utopía..Nada te detiene. Y el disfrute de lo nuevo, hasta llegar a lo antiguo..es toda una hazaña. Una proeza que al final te llena de orgullo..Me agrada el vídeo y tus palabras y me quedo con las ganas de seguir las huellas que han quedado en ese hermoso camino.. Felicitaciones.. Jorge

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  2. Hermosos!!! Lindo verlos... un abrazo familia bella de viajeros!! y un beso especial de Memi para Tahi...

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  3. Los admiro demasiado esa garra esa valentía de seguir , los valores que le entregan a sus pequeños es les deseo los mejores caminos que estes bien iluminados y cargados de energía que siempre tengan esa alma viajera �� saludos Claudia Chile

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