14 de diciembre de 2017

Viajando con amigos

A los chicos de @Lectura Rodante los conocimos en Lima. Allí coincidimos varios viajeros y a muchos de ellos los encontramos en la presentación que hicimos de uno de nuestros documentales en la Casona de Rick. Pablo y Marian de Dos que van por América contaron y cantaron sus cuentos para soñar y nosotros proyectamos “Huanacache, tierra huarpe”. También estaban Bruno y Eliana de El Viaje Sin Nombre.
Fue una noche muy linda por la calidez del lugar y porque siempre es placentero encontrarse con viajeros y compartir lugares, historias, anécdotas. Nos despedimos sin saber si nos íbamos a volver a ver, pero sabiendo que las rutas siempre sorprenden y de repente hacen que nos crucemos de nuevo.
Y así fue con Marcos y Mona de Lectura Rodante. Nos volvimos a ver en Máncora, donde otro grupo de viajeros terminamos viviendo debajo de un puente, cumpliendo aquella predicción de más de una madre: Así vas a terminar debajo de un puente!!
Allí también estaban Facu, Pame y Tuca de Proyecto Cumbancha. Jere y Anita desarmando y armando carpa y Mauro y Mari de Viviéndola América.
Debajo de aquel puente empezó a hacerse realidad la posibilidad de pintar la casa rodante. Marcos se ofreció a darnos una mano.
Luego volvimos a coincidir en Punta Sal, más al norte de Perú; y los bocetos de algunos dibujos empezaron a aparecer. No sabíamos si íbamos a tener la pintura o si nos íbamos a volver a ver, pero las ideas seguían naciendo.
Tanto ellos como nosotros seguíamos hacia Ecuador, pero al principio tomamos rumbos diferentes. Fue en Guayaquil que volvimos a coincidir, donde paramos en el Parque Samanes, un lugar muy recomendable para estacionar y disfrutar de las instalaciones que se ofrecen. Principalmente la ducha!!!
Los chicos estaban terminando de arreglar la camioneta que debido a las intervenciones de un mal mecánico se les había roto. Nosotros, con planes de proyectar “Vientos de Albardón” en el Festival de Cine de Guayaquil y de conocer un poco la ciudad. También con ganas de reencontrarnos con unos viejos amigos y encontrarnos con nuevos.
Así fue que compartimos poco más de una semana juntos en Guayaquil y juntos también, partimos a recorrer la costa.
La primera parada fue Salinas. No me acuerdo exactamente donde, Marcos le había regalado a Tahi su novela “Los dibujos sin memoria”. Lectura Rodante es un proyecto que promueve la lectura, donde Marcos que es escritor va dando talleres tanto para niños y adultos, invitando a que la lectura sea un hábito en nuestras vidas. Mona lo acompaña con sus talleres de couching, donde también el leer es importante para que podamos alcanzar nuestros objetivos. Estos libros son nómades, es decir que después de leerlos hay que regalarlos para que ellos también sigan su viaje.
Con Marcos y Mona compartimos más de un mes viajando juntos.
En Salinas celebramos el cumpleaños de Javi e Inti, donde improvisamos torta y festejo en medio del estacionamiento donde parábamos.
Después de Salinas vino Manglaralto, donde en el pueblo cercano, Barcelona, finalmente pintamos la casita (esta experiencia la contaremos en un post aparte). Luego Puerto López, San Lorenzo, Crucita y Mompiche.
En todo este tiempo Tahiel fue leyendo la novela de Marcos. Nunca autor y lector han estado tan cerca. Al menos para nosotros. Fue lindo ver cómo Tahi le preguntaba a Marcos porque pasaba tal cosa, mientras Marcos explicaba y también quería saber que parte o qué personaje le había gustado más. Esta lectura provocó en nuestro hijo las ganas de escribir. Luego de terminar el libro, empezó a escribir su propia novela. Hermoso saber que, en nosotros, la semilla que va llevando Lectura Rodante, encontró tierra fértil para germinar.
Al momento de elegir a quien darle el libro viajero, Tahiel ni lo dudo. El libro era para Feli, su gran amigo en Argentina.
Nuestros vehículos también nos dieron tela para compartir. La camioneta de los chicos no arrancaba sin un tirón, que antes de salir hacia algún lado debíamos darle con nuestro auto.
El Gran León venía andando bastante bien y de repente cuando salíamos de San Lorenzo hacia Crucita, se rompió una manguera y perdimos toda el agua. Por suerte nos dimos cuenta a tiempo y paramos. Ahí Marcos con la experiencia que tenía por haber pasado por algo similar y junto a la ayuda de Javi lograron arreglarla al menos para poder seguir viaje. Estuvimos como 6 horas en la ruta, donde los chicos probaban mangueras, buscaban abrazaderas, cortaban por acá, ajustaban por allá. Hasta que finalmente el trabajo en equipo tuvo sus frutos. Ya se estaba haciendo de noche, así que decidimos volver a San Lorenzo y al otro día seguir hacia Manta.
Para Inti también fue lindo compartir todos estos días con Marcos y Mona. A ella le encanta visitar las otras casitas, así que siempre andaba jugando, pintando o simplemente estando en “la camio” de los chicos.  
En Manglaralto, Mona nos dio su taller de couching para viajeros donde reflexionamos sobre las distintas formas de comunicarse y la importancia de hacer saber al otro lo que quiero y espero. Esta experiencia aún nos sigue enriqueciendo ya que siempre recordamos algunas enseñanzas de aquella tarde en la playa.
En Mompiche nos despedimos, sabiendo que seguramente podíamos volver a vernos en Quito. Era raro para nosotros ir por la ruta sin ver adelante a “la camio” de los chicos.
Pero así es el viajar, el apego y desapego constante. Saber que podés volver a verte o no pero que los momentos que se vivieron quedan pegados en cada uno de nosotros.
Hacer amigos, compartir rutas, mecánicos, arreglos, desarreglos, playas, estacionamientos, comidas, lecturas, películas. Eso es el viajar, no sólo sumar kilómetros.
















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